UNA PALABRA

Gabriela Mistral

Tengo una palabra en mi garganta
y no la dejo ir, no me deshago de ella
incluso con toda la sangre empujando
Si la soltara, quemaría pastos,
corderos desangrados, los pájaros caerían.

Debo soltarlo de este idioma,
encontrar un agujero de castor,
enterrarlo con cal y mortero
para que no guarde el vuelo como el alma.

No quiero dar señales de que estoy vivo
mientras circula por mi sangre
y subir y bajar en mi aliento loco.
Aunque mi padre Job, en llamas, lo dijo:
No quiero darte mi pobre boca
para que las mujeres no la encuentren
que van al río, se enganchan a sus trenzas
o quedar atrapado en la pobre maleza.

Semillas violentas te arrojaré
para que una noche la cubra y la ahogue
sin dejar rastro de una sílaba.
O destruirlo así, como la víbora
se rompe en dos pedazos entre los dientes.

Y vuelve a casa, entra, duerme
ya aislado, separado de él,
y despierto después de dos mil días,
recién nacido en el sueño y el olvido.

Sin saber, ¡ah !, que tenía una palabra
hecho de yodo y alumbre entre los labios,
ni puedo recordar una noche,
desde una dirección en un país extranjero,
de la trampa o el rayo en la puerta,
mi carne para andar sin tu alma.

  • Gabriela Mistral, del libro “Lagar” – en “Antología poética Gabriela Mistral”. [sel., trad., y presentación, de Fernando Pinto do Amaral]. Lisboa: Editorial Teorema, 2002.

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