Los paquetes de la vida



Charlos Alberto Cavalcante de Melo

Hoy, cuando subí al bus, vi exactamente a cuatro personas con libros en la mano, atentas, desconocidas. Pasé junto al coleccionista y naturalmente traté de ver lo que estaban leyendo -una curiosidad, hasta entonces, aceptable- pero como no podía parar de cotillear me dirigí al asiento al final del bus, y al general lamento, además de no hacer el mío. historia a La José de Alencar – No encontré ninguna chica con vestido largo y perfume de sándalo.
Me senté junto a la ventana y empecé a pensar en la lectura, los libros y el ser humano, porque me asombró la cantidad de personas que leen en el mismo autobús, porque la gran cantidad no es común.
Recordé mis tardes de verano, cuando leía muchas historietas desde muy pequeña, porque mi padre tenía algunos puestos de revistas y siempre traía ejemplares calientes y siempre me animaba a imaginar, gracias a mi madre con su
Historias que pasaron toda la semana con los mismos personajes y diferentes eventos, recuerdo que incluso había un teatro.
Pronto crecí, siguiendo la ley natural, y conocí la muy estimada literatura infantil y juvenil, que hoy es masacrada por los exigentes “críticos” – y muchas veces amantes / mucamos pre / conceptuales de la buena literatura, la llamada clásica, que tantos A veces está escrito en mayúsculas solo para dar el tono de solemnidad y respeto. Se centran en caracterizar, preconceptualizar y dar significados a algunas obras contemporáneas que, en ocasiones, por el mero hecho de venderse en cantidades considerables se denominan best sellers y están condenadas al lugar común, es decir, a las obras de marketing, sin contenido, por tanto de terrible calidad. Pero ahí es donde acecha el peligro.
El problema es que mucha gente asocia la lectura con la obligación, que no recuerda haberse animado a leer un Machado de Assis agradable en el momento equivocado. Por tanto, siempre se trata como un puente a la intelectualidad, una apoteosis a través de la mente, y no cumple con su función principal: dar placer, abrir horizontes, identificar, es decir, hacer girar los símbolos. Es lo mismo que mirar a un Van Gogh y pensar solo en su historia y no dejar que la mente penetre en el cuadro, no dejar que la lágrima caiga sobre el rostro y abstenerse de solo conocer sus datos, a la búsqueda del sitio. Mientras proliferan los “críticos” que usan esos visores, usados ​​por caballos en el pasado, personas de mente abierta y perspicaz se imponen, sin temor a parecer demodé o al azar ignorantes, por
afirmar que todo tiene su tiempo, razón e intención.
Habitualmente las personas que tienen su primer contacto con un libro en la universidad son las que se felicitan y exudan al mundo su gusto por los clásicos de la literatura, dejando para los libros modernos / contemporáneos solo de dudosa calidad, ideas predecibles, lugares comunes e incluso atreverse a enmarcarlos como si no tuvieran relevancia literaria. Estas personas utilizan sus títulos académicos (o no) para desprestigiar obras literarias de importante bien para la humanidad, ya sea por su contenido literario o por el mensaje que éste acaba inculcando en el ser humano. Algunas de estas obras son como las obras de la serie de libros de Harry Potter, que comenzaron a abrumarme en mis primeros once años, haciendo que mis primeras noches fueran más felices, junto con Disney Cruj.
Recuerdo que estudiaba por la tarde y cuando salí de la escuela no esperé el momento de llegar a casa para leer un libro de más de 500 páginas -para los que estaban acostumbrados a leer libros infantiles y HQ esto era un verdadero horror- que tenía como escenario principal. la escuela y como protagonistas tres niños de mi edad, pero que detrás de esa fascinación que todo me causó todo siempre tuvo una razón, un mensaje detrás. Los ideales en los que creo hoy tienen sus raíces en libros como los de J.K. Rowling (autora de la saga
Harry Potter y otros libros). Con maestría logró conducir una saga de siete libros de manera sorprendente, dejando atrás todo mensajes de amor, amistad, perseverancia, fariseísmo y fe en sí misma y en el otro. Sin mencionar que mantiene la atención del lector durante horas, que pasan rápido, de una forma tan liviana y distante de las pretensiones que no hay forma de dejar de leer, además de leer muchos clásicos.
Muchos de estos filósofos sociales aún se atreven a mencionar el nombre de J.R.R. Tolkien en sus críticas infundadas, demagógicas y pobres (de espíritu) que, incluso en trabajos académicos, no abandonan los muros de sus facultades ni sus círculos de conversaciones de mentecapta. Bueno, hay literatura para todos los gustos, horas, de buena y mala calidad, que cumplen o no su función, pero huyendo del lugar común de “al menos están leyendo” tenemos que tener un sentido del mundo que un niño corriente no tiene. Tendrás una gran tendencia a leer Maupassant, Kafka o Dostoiévski, que son literatura de calidad más elaborada, sin embargo no me enamoré del gusto de todos.

Incluso puede caer un día, pero en otra situación, en otro momento. Las personas que deberían ensalzar el bienestar, el placer o la felicidad cuando leen están estancadas
Dicotomía “bueno y malo” y terminan dejando que su camino vaya en una dirección, en un solo lugar.
Lo que me consuela es que Drácula de Bram Stocker, cuando se estrenó, no fue bien aceptado, hoy es un libro que nos da una lección de lo que es la literatura. No es que algunos Best Sellers tengan la oportunidad de ponerse a los pies de la obra de este escritor irlandés, sin embargo, generalizar comúnmente es caer en un error. Por eso es necesario repensar, saber antes de atacar, como un guerrero va a la batalla, sabiendo antes de desvanecer al enemigo en el fracaso.
“Hoy, estoy recogiendo los restos de mi verano, construyendo una mente para la primavera, sin pensar en el otoño, y mucho menos en el invierno … sin preocuparme por el cambio climático”.

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